Cuento EL HADA DE LA NOCHE

EL HADA DE LA NOCHE

Hoy quiero compartir con vosotros un cuento de buenas noches de cosecha propia, de los que dejan una sensación de bienestar al leerlo. En este caso exaltamos el sentimiento de amistad, os trasladamos a un  mundo de fantasía que os acompañará en vuestros más dulces sueños.

Clarita era un hada pequeñita, de color dorado y con una naricita tan grande como la cabeza de un alfiler.

Su trabajo era de “encendedora” ¿y qué es eso? os preguntareis. Pues Clarita era la encargada de encender las estrellas y la luna de noche, y apagarlas y encender el sol cuando llegaba el día.

¡Qué trabajo tan importante! Gracias a Clarita, crecían las hermosas flores, los búhos cazaban ratoncitos al llegar la noche, los gallos cantaban al dar los buenos días, y los niños jugaban al sol de la tarde.

Pero un día, Clarita se puso enferma, y tubo que quedarse en cama, un día, y otro, y otro…

Al principio no pasó nada, pero con el paso del tiempo nadie sabía si era de noche o de día. Las flores se marchitaban y los pajaritos no cantaban.

¿Dónde estará Clarita? se preguntaban en los bosques.

Así que el Señor Sol, que añoraba a Clarita más que a nada, alargó, alargó y alargó uno de sus hermosos rayos hasta la estrella donde Clarita descansaba enferma. Y ese calor inundó su pequeño cuerpo, recuperándose de inmediato.

  • ¡Gracias amigo Sol! – dijo Clarita sonriente mientras corría a una estrella vecina a realizar lo que mejor sabía hacer: convertir la noche en día, y el día, en noche.

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