EL PRIMER DÍA EN EL COLE DE ALFRED EL GNOMO

casa gnomos

El cuento de hoy viene de la mano de un divertido personaje: un pequeño gnomito llamado Alfred que nos hablará de su primer día en el cole y ayudará a los más pequeños de la casa que comienzan la aventura escolar a afrontarla de la mejor manera posible.

Porque empezar el cole es un gran cambio, y porque toda herramienta con la que contemos es poca para ayudarlos. ¿Lo leemos?


En el bosque encantado de ABETO VERDE, en la tercera seta de capuchón rojo vivía el pequeño Alfred. Un gnomito testarudo, simpático y risueño al que le había llegado el momento del que tanto le habían hablado: su primer día de cole.

Alfred estaba nervioso. Nunca había estado en el colegio para Gnomos de la Señorita Ágape, y la idea de estar allí sin su mamá no le hacía ninguna pero que ninguna gracia.

  • No quiero, no quiero y no quiero- dijo Alfred cruzado de brazos en la puerta de casa.
  • Alfred – le dijo mamá mientras se arrodillaba y lo miraba a los ojos – estás nervioso, es normal. Las cosas que no conocemos a veces nos resultan intimidantes, pero te prometo que te encantará. Nuestra imaginación y el miedo a lo desconocido a veces nos juegan malas pasadas, pequeñín.

Bueno, es verdad que mamá nunca mentía, ¿no?¿ y si ese sitio nuevo no era tan malo como pensaba?

Así que Alfred resignado, cogió su mochila, se agarró de la mano de mamá con un suspiro y se encaminó hacia el colegio.

Al llegar se despidió de mamá un poco triste… ¡¡¡aquello estaba lleno de desconocidos!!!

seta

Pero cuando entró en clase, su tristeza se fue apagando. Estaba llena de juguetes de todo tipo: puzzles, plastilinas de colores, coches, lápices de colorear, etc. La señorita Ágape además había colocado graciosos dibujos de animales por las paredes, y había un perchero y una silla con su foto!!!!

  • Alaaaaa- dijo Alfred con una sonrisa en los labios.

La señorita Ágape los saludó con una cálida sonrisa en los labios y una caricia amorosa y le ayudó en todo lo que necesitó. Conoció a muchos más gnomos que como él, a pesar de llegar asustados, ahora estaban felices y sorprendidos de estar en clase.

La señorita Ágape les enseñó a dibujar una oruga de colores, después salieron al bosque a buscar pájaritos y jugaron con la plastilina. Conoció a muchos gnomos con los que jugó y se hizo muy amigo de Elena, una gnomita con dos coletas y gafas que le enseñó a colgarse la mochila solito.

Cuando salió y vio a mamá gnomo esperándolo en la entrada, corrió hacia ella con lágrimas en los ojos.

  • ¿qué te pasa, mi pequeñín? ¿Es que no lo has pasado bien?
  • Si mamá, me ha encantado!!! – dijo Alfred de forma entrecortada – Pero no quería que terminase, ha sido tan divertido.
  • ah, vale – Contestó mamá riendo – no te preocupes, mañana volverás, y al otro, y al otro… y así muchas veces.
  • Bieeennn!!! – gritó Alfred feliz a la vez que le contaba a mamá de forma atropellada todo lo que había aprendido en el día.

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